¿Y si la guerra siguiera con distintos formatos?

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Desde que inició marzo el mundo entero está en vilo. Cada día los mercados globales comienzan a operar siguiendo las noticias del conflicto en Medio Oriente minuto a minuto. En una misma rueda el petróleo puede estar diez dólares arriba o diez dólares abajo. Y con esa misma volatilidad se mueven los precios de los activos financieros. Si fuero sólo eso sería anecdótico, pero resulta que las grandes empresas del mundo y hasta países desarrollados han visto deteriorarse sus números y negocios. La avidez por buscar cobertura ante lo impensado hace unos meses y que ahora se ha vuelto altamente probable ha llevado a la venta de bonos y oro en poder de bancos centrales poderosísimos buscando obtener liquidez ante la eventualidad de tener que cubrir pérdidas de infraestructura o enfrentar una eventual recesión.
El rey está desnudo. El líder norteamericano se enfrascó en una guerra que aparentemente no fue suya y que ahora parece haberlo despojado del apoyo de propios y extraños. En un año de elecciones de medio término, el respaldo de los estadounidenses mide menos del 40% y las principales potencias mundiales han expresado públicamente que no apoyan la escalada de EEUU e Israel contra Irán. La guerra se libra por mar, tierra y redes. Hay momentos en que no se sabe bien quien está mostrando más fortaleza y quien está abierto a negociar. Lo que al principio era la prenda de negociación, el Estrecho de Ormuz, pareciera haber pasado al fondo de la lista ante la falta de un ganador claro. Las bravuconadas contra los países de la OTAN vía redes y en público obtuvieron como respuesta que buques de China, Japón e incluso Francia puedan atravesar el Estrecho sólo identificándose como pertenecientes a sus países de origen. Para Irán, que es quien hoy vigila el tráfico allí, esos países son considerados NO HOSTILES. Y por eso sus buques –aparentemente- están pudiendo circular.
La razón para comenzar describiendo este estado de situación es mostrar que (como decía una canción del rock argentino de los ochenta), “si la historia la escriben los que ganan, entonces quiere decir que hay otra historia”. En la actualidad, tanto EEUU como Irán se erigen como ganadores, pero no debe escapar al lector que podría haber ganadores entre quienes no libran esta batalla. Por caso, la tensión en Oriente Medio hizo subir el precio del barril de petróleo más de un 50% y, con ello, las petroleras rusas se han beneficiado vendiendo su crudo más caro y Moscú ha incrementado su recaudación fiscal. El mismísimo Departamento del Tesoro estadounidense autorizó temporalmente la compra de petróleo ruso para contener la escalada de precios, beneficiando a Moscú. De hecho, la inestabilidad en el suministro de Oriente Medio impulsó a China e India a incrementar su dependencia del crudo ruso.
Estamos en medio de un conflicto bélico y, a pesar de la globalización y las redes, probablemente las pocas noticias que llegan sean incompletas y la certera situación sólo la conozcan los protagonistas. Pero hay algo que parece estar bastante claro: EEUU no ha sacado gran rédito hasta ahora, ha ido perdiendo apoyo de sus votantes y principales economías mundiales. Argentina es una aliada, pero se encuentra geográficamente lejos del conflicto y se ha convertido en el último tiempo en país exportador de energía y minerales. Estamos mal. Pero no tan mal. Stay tuned!

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