En muchas empresas, la gestión del transporte sigue funcionando como una cadena de pequeñas consultas dispersas, constantes y repetitivas. La operativa diaria se construye sobre preguntas que cualquier responsable logístico reconoce al instante: dónde está el envío, cuánto va a costar realmente, con quien lo hemos enviado o si el transportista ha confirmado la recogida. Ninguna de esas preguntas es compleja por sí misma. El problema aparece cuando todas ellas requieren abrir correos, revisar varios portales de transportistas o llamar para verificar lo que el sistema no muestra con claridad.
En muchas empresas, la gestión del transporte sigue funcionando como una cadena de pequeñas consultas dispersas, constantes y repetitivas. La operativa diaria se construye sobre preguntas que cualquier responsable logístico reconoce al instante: dónde está el envío, cuánto va a costar realmente, con quien lo hemos enviado o si el transportista ha confirmado la recogida. Ninguna de esas preguntas es compleja por sí misma. El problema aparece cuando todas ellas requieren abrir correos, revisar varios portales de transportistas o llamar para verificar lo que el sistema no muestra con claridad. Read More







