El Pabellón de Barcelona es ya el edificio efímero más longevo de la arquitectura moderna. En su primera existencia, condensó los anhelos de las vanguardias del primer cuarto del siglo XX. Durante su ausencia, se convirtió en un cristal virtual, capaz de reflejar muchas de las teorías de los pasados cien años. Entre su ideación y demolición apenas pasaron dos, pero su mito creció gracias a dos importantes exposiciones celebradas en el MoMA (1932/1947). En 1986, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Mies, en un ambiente dominado por la posmodernidad y la deconstrucción, se reinauguró una réplica exacta, aumentando el juego de reflejos y escenografías de un edificio que, ya en su versión original, era un espacio de ‘representación’. Desde entonces, convertido en un anacrónico edificio efímero, su finalidad ya no es representar a Alemania, sino a sí mismo, a su arquitecto y a la fundación que lleva su nombre, que además organiza intermitentemente intervenciones temporales.
El Pabellón de Barcelona es ya el edificio efímero más longevo de la arquitectura moderna. En su primera existencia, condensó los anhelos de las vanguardias del primer cuarto del siglo XX. Durante su ausencia, se convirtió en un cristal virtual, capaz de reflejar muchas de las teorías de los pasados cien años. Entre su ideación y demolición apenas pasaron dos, pero su mito creció gracias a dos importantes exposiciones celebradas en el MoMA (1932/1947). En 1986, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Mies, en un ambiente dominado por la posmodernidad y la deconstrucción, se reinauguró una réplica exacta, aumentando el juego de reflejos y escenografías de un edificio que, ya en su versión original, era un espacio de ‘representación’. Desde entonces, convertido en un anacrónico edificio efímero, su finalidad ya no es representar a Alemania, sino a sí mismo, a su arquitecto y a la fundación que lleva su nombre, que además organiza intermitentemente intervenciones temporales. Read More


