Espacio Multicelular

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Mies Van der Rohe, en el proyecto del Pabellón de Barcelona de 1929, se sirve –bajo un filtro neoplasticista– de una disposición muraria radicalmente contemporánea, cuyas trazas exteriores enmarcan un espacio quebrado, abierto pero acotado. En el caso del Pabellón son tres los elementos murarios significantes que encierran el espacio fluido. Una vez dentro de este espacio, un mundo abstracto, rico en relaciones visuales, se abre ante el visitante. La quietud de sus líneas geométricas se rompe no tanto por el sonido del agua en movimiento (pues aquí el agua es calma), como sí pasa con las fuentes de La Alhambra, sino por el reflejo del sol en suaves ondulaciones de las dos láminas de agua sobre los muros de travertino; también por la fuerte presencia visual de las betas del ónice petrificadas sobre los dos muros de este material que se encuentran dispuestos entre la retícula de pilares. Es la forma abstracta por medio de la cual Mies introduce la naturaleza.

​Mies Van der Rohe, en el proyecto del Pabellón de Barcelona de 1929, se sirve –bajo un filtro neoplasticista– de una disposición muraria radicalmente contemporánea, cuyas trazas exteriores enmarcan un espacio quebrado, abierto pero acotado. En el caso del Pabellón son tres los elementos murarios significantes que encierran el espacio fluido. Una vez dentro de este espacio, un mundo abstracto, rico en relaciones visuales, se abre ante el visitante. La quietud de sus líneas geométricas se rompe no tanto por el sonido del agua en movimiento (pues aquí el agua es calma), como sí pasa con las fuentes de La Alhambra, sino por el reflejo del sol en suaves ondulaciones de las dos láminas de agua sobre los muros de travertino; también por la fuerte presencia visual de las betas del ónice petrificadas sobre los dos muros de este material que se encuentran dispuestos entre la retícula de pilares. Es la forma abstracta por medio de la cual Mies introduce la naturaleza. Read More