En el diario Arriba, hoy sede del Catastro, se combina brillantemente el programa de rotativas y oficinas,tipología típica de un periódico moderno que interpretamos como una evolución del famoso Turun Sanomat del admiradoAlvar Aalto. Francisco Cabrero lo resuelve, de forma similar y como homenaje, con dos piezas complementarias y lacomposición asimétrica en la base del plano de fachada.Según dijo en repetidas ocasiones, era el único edificio realizado que le satisfizo plenamente, donde además lograsu anhelado objetivo de expresar lo que define como “inherencia forma-función” relacionando la arquitectura simbólicay la escultura con el fin “utilitario-social” de la arquitectura, predominando la forma construida como expresión de lafuncionalidad interna.Es un edifico imprescindible para seguir la evolución de la arquitectura contemporánea española realizado en elarranque de los años 60 por uno de sus pioneros. Periodo de su madurez profesional que define irónicamente comola “edad del hierro”, material, tomado de la arquitectura de hierro y ladrillo de Mies y organizado según neoplasticismoholandés que expresa la superación del periodo autárquico con la entrada en la etapa tecnocrática y aperturista delrégimen franquista.Haremos un recorrido retrospectivo, como define Cabrero en su Libro I al analizar la arquitectura moderna que: “nosretrotraía a generaciones de maestros europeos anteriores, a su vez herederos de las escuelas consagradas por delante”hasta llegar hasta “los estilos clásicos” y las “estructuras vernáculas”. Un antecedente es el edificio de Sindicatos y surelación con el eje norte-sur principal de Madrid, reinterpretada en el Arriba mediante la disposición paralela y verticaldel bloque-pastilla en contraste con la horizontalidad y la cubierta inclinada de la nave de talleres, también de Sindicatoses el sistema de agregación de los módulos-oficina, de la comparación extraeremos conclusiones. Es poco conocido quela planta 11 se destinó a cafetería y restaurante abierto 24 h con unas formidables vistas de la ciudad y la sierra madrileña.Analizamos los pormenores del proceso proyectual del Arriba desde la documentación original conservadaen el Legado Cabrero de la Fundación COAM y el archivo familiar. Su gesto contundente, a la vez sencillo y perfecto,conseguido a partir de su solución constructiva y el orden funcional alcanzando gran claridad en la diferenciación de losespacios para personas y máquinas.El ejercicio deductivo nos conducirá obligatoriamente a las primeras construcciones de la Feria del Campo,inadvertido laboratorio de arquitecturas donde Francisco Cabrero y Jaime Ruiz realizaron la torre-restaurante,rematada por un enorme mirador en voladizo también el cubo simbólico que rodeaba el pabellón de la Pipa. Años antes,en el concurso para la cruz del Valle de los Caídos Cabrero rememora la construcción de los acueductos que junto a lastorres castellanas y romanas sugieren que la retícula del Arriba es otra atalaya orientada al paisaje.
En el diario Arriba, hoy sede del Catastro, se combina brillantemente el programa de rotativas y oficinas,tipología típica de un periódico moderno que interpretamos como una evolución del famoso Turun Sanomat del admiradoAlvar Aalto. Francisco Cabrero lo resuelve, de forma similar y como homenaje, con dos piezas complementarias y lacomposición asimétrica en la base del plano de fachada.Según dijo en repetidas ocasiones, era el único edificio realizado que le satisfizo plenamente, donde además lograsu anhelado objetivo de expresar lo que define como “inherencia forma-función” relacionando la arquitectura simbólicay la escultura con el fin “utilitario-social” de la arquitectura, predominando la forma construida como expresión de lafuncionalidad interna.Es un edifico imprescindible para seguir la evolución de la arquitectura contemporánea española realizado en elarranque de los años 60 por uno de sus pioneros. Periodo de su madurez profesional que define irónicamente comola “edad del hierro”, material, tomado de la arquitectura de hierro y ladrillo de Mies y organizado según neoplasticismoholandés que expresa la superación del periodo autárquico con la entrada en la etapa tecnocrática y aperturista delrégimen franquista.Haremos un recorrido retrospectivo, como define Cabrero en su Libro I al analizar la arquitectura moderna que: “nosretrotraía a generaciones de maestros europeos anteriores, a su vez herederos de las escuelas consagradas por delante”hasta llegar hasta “los estilos clásicos” y las “estructuras vernáculas”. Un antecedente es el edificio de Sindicatos y surelación con el eje norte-sur principal de Madrid, reinterpretada en el Arriba mediante la disposición paralela y verticaldel bloque-pastilla en contraste con la horizontalidad y la cubierta inclinada de la nave de talleres, también de Sindicatoses el sistema de agregación de los módulos-oficina, de la comparación extraeremos conclusiones. Es poco conocido quela planta 11 se destinó a cafetería y restaurante abierto 24 h con unas formidables vistas de la ciudad y la sierra madrileña.Analizamos los pormenores del proceso proyectual del Arriba desde la documentación original conservadaen el Legado Cabrero de la Fundación COAM y el archivo familiar. Su gesto contundente, a la vez sencillo y perfecto,conseguido a partir de su solución constructiva y el orden funcional alcanzando gran claridad en la diferenciación de losespacios para personas y máquinas.El ejercicio deductivo nos conducirá obligatoriamente a las primeras construcciones de la Feria del Campo,inadvertido laboratorio de arquitecturas donde Francisco Cabrero y Jaime Ruiz realizaron la torre-restaurante,rematada por un enorme mirador en voladizo también el cubo simbólico que rodeaba el pabellón de la Pipa. Años antes,en el concurso para la cruz del Valle de los Caídos Cabrero rememora la construcción de los acueductos que junto a lastorres castellanas y romanas sugieren que la retícula del Arriba es otra atalaya orientada al paisaje. Read More


