Este artículo problematiza tres expresiones sexistas que destacan como recursos cotidianos utilizados por hombres. Fueron obtenidas a partir de trabajo de campo realizado con alumnas en un taller de la FFyL de la UNAM (México). Como punto de partida se recuperan estudios sobre sexismo tanto en la vida pública como en la universidad. El objetivo inicial es demostrar que las expresiones sexistas se insertan en cadenas que vinculan recursos y, al mismo tiempo, configuran escalas de gravedad; además, se busca mostrar cómo es que su uso sostiene y promueve a una masculinidad normativa. La metodología incluye un análisis en cuatro fases: en la primera, las cadenas conectan al sexismo como energía ritual con los supuestos simbólicos y míticos del machismo y la misoginia. En la segunda, las formas sexistas se presentan como actos que producen efectos sobre las mujeres y mantienen, entre otras cuestiones, ideales sobre la sexualidad masculina. De este modo, desde el recurso cotidiano, los circuitos se reinician constantemente. Se propone que esta circularidad es productiva porque soporta prácticas cuya finalidad es el mantenimiento de un orden de dominación basado en el poder de la violencia masculina sexista y sexual, además de contener, sancionar y controlar a las mujeres en todas las esferas. Con esto, la tercera fase aborda algunas de las ganancias, pérdidas y privilegios que ocurren en el entramado de cadenas y circuitos. Finalmente, se propone que los circuitos de violencia masculina sexista y sexual se reactivan bajo una acción que involucra a la jerarquía asociativa de la masculinidad. Se trata de un botón de reinicio que se aprieta en cada acto sexista para que la circularidad siga funcionando y para que los hombres jóvenes se inscriban en una enciclopedia de masculinidad normativa.
Este artículo problematiza tres expresiones sexistas que destacan como recursos cotidianos utilizados por hombres. Fueron obtenidas a partir de trabajo de campo realizado con alumnas en un taller de la FFyL de la UNAM (México). Como punto de partida se recuperan estudios sobre sexismo tanto en la vida pública como en la universidad. El objetivo inicial es demostrar que las expresiones sexistas se insertan en cadenas que vinculan recursos y, al mismo tiempo, configuran escalas de gravedad; además, se busca mostrar cómo es que su uso sostiene y promueve a una masculinidad normativa. La metodología incluye un análisis en cuatro fases: en la primera, las cadenas conectan al sexismo como energía ritual con los supuestos simbólicos y míticos del machismo y la misoginia. En la segunda, las formas sexistas se presentan como actos que producen efectos sobre las mujeres y mantienen, entre otras cuestiones, ideales sobre la sexualidad masculina. De este modo, desde el recurso cotidiano, los circuitos se reinician constantemente. Se propone que esta circularidad es productiva porque soporta prácticas cuya finalidad es el mantenimiento de un orden de dominación basado en el poder de la violencia masculina sexista y sexual, además de contener, sancionar y controlar a las mujeres en todas las esferas. Con esto, la tercera fase aborda algunas de las ganancias, pérdidas y privilegios que ocurren en el entramado de cadenas y circuitos. Finalmente, se propone que los circuitos de violencia masculina sexista y sexual se reactivan bajo una acción que involucra a la jerarquía asociativa de la masculinidad. Se trata de un botón de reinicio que se aprieta en cada acto sexista para que la circularidad siga funcionando y para que los hombres jóvenes se inscriban en una enciclopedia de masculinidad normativa. Read More


