115Días#12/ On-Tour

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115Días es una publicaciónacadémica. Cada número recogetoda la información producidadurante un cuatrimestre en laUD Aranguren+Gallegos en torno a un tema específico que, vinculado a la arquitectura y ocupando esta una posición central, desencadena una reflexión crítica en la que las interferencias / afinidades con otras disciplinas son exploradas con el fin de re-encuadrar los límites de la misma, abordando asuntos contemporáneos.
“El VIAJAR es la metáfora universal del cambio”.Daniel Boorstein“El único verdadero VIAJE de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino enmirar con nuevos ojos”Marcel ProustSi nuestra vida se halla dominada por la persecución de la felicidad y del conocimiento, quizás pocas actividades revelan tanto como el VIAJAR acerca de la dinámica de esta búsqueda, en todo su ardor y con todas sus paradojas.Este curso vamos a trabajar sobre lo que supone para nosotros como arquitectos el VIAJAR, buscar y conocer logares, experiencias, arquitecturas con nuestra mirada propia, capturar imágenes e imaginar realidades.Empezaremos en el primer curso de primavera a pensar sobre un objeto-fetiche vinculado al VIAJAR como es la maleta, que en sí misma es un objeto-espacio, con una determinada escala y código modular capaz de atesorar en su interior un sinfín de posibilidades dependiendo de los objetos o mecanismos que ocupen su interior.La maleta es un objeto definitorio de la movilidad contemporánea que remite simultáneamente a varios aspectos del mundo globalizado (conectividad, nomadismo, fluidez) y a sus derivas (factores de riesgo, exceso de seguridad).La visión de una maleta nos expone a la evidencia de un objeto práctico y funcional que podemos denominar puro objeto, aun cuando se trata de algo ordinario y estándar. Objeto del flujo, de la compresión espacio-temporal propia de nuestro mundo, la maleta es un objeto-símbolo por excelencia de la globalización tan criticada, sobre todo, por no tomar en cuenta los aspectos humanos del intercambio cultural.La maleta en cuanto prolongación, durante el viaje, de la identidad física y material del individuo, tiene la función de mantener la conexión con lo local, punto de partida del viaje. Al desplazarse, el sujeto lleva una parte de su esfera interna consigo. El contenido de su equipaje, a pesar de ser relativamente estándar, está en realidad profundamente marcado por la identidad de cada individuo.Según esta hipótesis, entendemos también mejor el miedo generalizado a perder la maleta, dado que esa pérdida representa en el fondo un verdadero extravío de uno mismo. Se entiende entonces mejor, desde esta óptica, la lectura dantesca que propone el novelista americano Steve Tesich:“Si Dante viviera hoy en día, pienso, habría hecho un círculo en el infiernoque fuera una cinta transportadora de equipajes. Y en dicho círculo, mientrasla cinta daba vueltas, las almas condenadas serían castigadas eternamente aesperar su maleta que no llegaba nunca”.Una maleta estándar de ejecutivo, tanto por su apariencia exterior —medidas autorizadas para equipaje de mano: 50 × 40 × 20 centímetros, ruedas todoterreno, mango retráctil— como por su contenido —camisas, corbatas, bolsas de plástico transparentes para ropa interior y ropa sucia, fundas de trajes y de zapatos…— parece determinada hasta en su contenido estandarizado.Sin embargo, el contenido del equipaje es un dato determinante, por cuanto la sabiduría del pasajero experimentado se mide precisamente por la flexibilidad de su valija, en términos de repartición del contenido, ergonomía del diseño, ligereza y facilidad de transporte. Estamos ante un ejercicio de apropiación de dimensionado de un espacio limitado, nada ajeno a nuestro oficio de arquitectos.

​115Días es una publicaciónacadémica. Cada número recogetoda la información producidadurante un cuatrimestre en laUD Aranguren+Gallegos en torno a un tema específico que, vinculado a la arquitectura y ocupando esta una posición central, desencadena una reflexión crítica en la que las interferencias / afinidades con otras disciplinas son exploradas con el fin de re-encuadrar los límites de la misma, abordando asuntos contemporáneos.
“El VIAJAR es la metáfora universal del cambio”.Daniel Boorstein“El único verdadero VIAJE de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino enmirar con nuevos ojos”Marcel ProustSi nuestra vida se halla dominada por la persecución de la felicidad y del conocimiento, quizás pocas actividades revelan tanto como el VIAJAR acerca de la dinámica de esta búsqueda, en todo su ardor y con todas sus paradojas.Este curso vamos a trabajar sobre lo que supone para nosotros como arquitectos el VIAJAR, buscar y conocer logares, experiencias, arquitecturas con nuestra mirada propia, capturar imágenes e imaginar realidades.Empezaremos en el primer curso de primavera a pensar sobre un objeto-fetiche vinculado al VIAJAR como es la maleta, que en sí misma es un objeto-espacio, con una determinada escala y código modular capaz de atesorar en su interior un sinfín de posibilidades dependiendo de los objetos o mecanismos que ocupen su interior.La maleta es un objeto definitorio de la movilidad contemporánea que remite simultáneamente a varios aspectos del mundo globalizado (conectividad, nomadismo, fluidez) y a sus derivas (factores de riesgo, exceso de seguridad).La visión de una maleta nos expone a la evidencia de un objeto práctico y funcional que podemos denominar puro objeto, aun cuando se trata de algo ordinario y estándar. Objeto del flujo, de la compresión espacio-temporal propia de nuestro mundo, la maleta es un objeto-símbolo por excelencia de la globalización tan criticada, sobre todo, por no tomar en cuenta los aspectos humanos del intercambio cultural.La maleta en cuanto prolongación, durante el viaje, de la identidad física y material del individuo, tiene la función de mantener la conexión con lo local, punto de partida del viaje. Al desplazarse, el sujeto lleva una parte de su esfera interna consigo. El contenido de su equipaje, a pesar de ser relativamente estándar, está en realidad profundamente marcado por la identidad de cada individuo.Según esta hipótesis, entendemos también mejor el miedo generalizado a perder la maleta, dado que esa pérdida representa en el fondo un verdadero extravío de uno mismo. Se entiende entonces mejor, desde esta óptica, la lectura dantesca que propone el novelista americano Steve Tesich:“Si Dante viviera hoy en día, pienso, habría hecho un círculo en el infiernoque fuera una cinta transportadora de equipajes. Y en dicho círculo, mientrasla cinta daba vueltas, las almas condenadas serían castigadas eternamente aesperar su maleta que no llegaba nunca”.Una maleta estándar de ejecutivo, tanto por su apariencia exterior —medidas autorizadas para equipaje de mano: 50 × 40 × 20 centímetros, ruedas todoterreno, mango retráctil— como por su contenido —camisas, corbatas, bolsas de plástico transparentes para ropa interior y ropa sucia, fundas de trajes y de zapatos…— parece determinada hasta en su contenido estandarizado.Sin embargo, el contenido del equipaje es un dato determinante, por cuanto la sabiduría del pasajero experimentado se mide precisamente por la flexibilidad de su valija, en términos de repartición del contenido, ergonomía del diseño, ligereza y facilidad de transporte. Estamos ante un ejercicio de apropiación de dimensionado de un espacio limitado, nada ajeno a nuestro oficio de arquitectos. Read More