Un triunfo político sin traducción productiva

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El Gobierno cierra el año con un triunfo histórico en el Congreso que reordena el tablero político y le da a Milei una fortaleza institucional que no tuvo en sus primeros dos años de gestión. Sin embargo, esa victoria parlamentaria convive con una realidad económica mucho más áspera. La producción y el crecimiento dejan un balance pobre, sin señales claras de derrame social y con sectores enteros que atraviesan el año con la cabeza hundida.

Sería un error interpretar que la sola baja de la inflación alcanza para encaminar la economía. Fue el principal compromiso de campaña y, sin dudas, uno de los logros centrales de la gestión. El año terminará cerca del 31% y el propio Gobierno proyecta un 10,1% para el próximo. Es un dato relevante, incluso histórico, pero insuficiente si no se traduce en más actividad, más empleo y más previsibilidad para producir.

La foto que muestra la industria argentina es lapidaria. La actividad fabril atraviesa tensiones crecientes, con sectores industriales que vieron pasar un 2025 marcado por caídas, parates y una fuerte presión importadora. El orden macro llegó, pero no vino acompañado de una hoja de ruta productiva que permita anticipar qué lugar ocuparán la industria y la construcción en el nuevo esquema económico.

Es cierto que la industria debe hacer un cambio de cabeza. La sociedad argentina expresó con claridad que quiere una relación con el mundo muy distinta a la que rigió hasta finales de 2023. Menos proteccionismo ciego y más competencia. Pero abrir no es lo mismo que abandonar. Para transitar ese camino hace falta una política industrial que sincere el rumbo, defina prioridades y ofrezca reglas para invertir, reconvertir y competir.

Los números agregados tampoco cuentan toda la historia. El acumulado anual marca un crecimiento del 3,1%, pero con un derrame mínimo hacia la economía real. Ese registro se explica, en buena medida, por el desempeño de sectores clásicos como el agro y el petróleo, y por algunas actividades con alto contenido de insumos importados. Otros rubros que mostraron números en verde en la primera mitad del año luego se desinflaron y terminaron retrocediendo.

Con el respaldo político consolidado, el Gobierno tiene una oportunidad. Definir un plan de acción productivo que afiance lo positivo, corrija desequilibrios y genere expectativas reales para el año que comenzará en apenas cuatro días. Si no, la promesa estará incompleta.

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