El informe “Mercado internacional de petróleo – 19 de marzo de 2026”, elaborado por Economía & Energía, aporta una clave central: el aumento reciente del Brent convive con un contexto de precios todavía débiles en términos interanuales.
En febrero de 2026, el crudo subió 6,4% respecto de enero, pero se mantiene 6% por debajo del nivel de un año atrás y acumula una caída del 11% en el promedio anual.
El dato es relevante porque desarma la idea de un shock petrolero global como consecuencia de la guerra en Medio Oriente. La suba existe, pero ocurre sobre una base deprimida.
El comportamiento de la oferta mundial explica buena parte de este fenómeno. La producción global de petróleo y líquidos alcanzó en febrero un incremento de 4,6 millones de barriles diarios interanual, lo que representa una suba del 4,4%.
Se trata de un crecimiento significativo, impulsado principalmente por la OPEP, Estados Unidos y nuevos actores como Brasil. Arabia Saudita lidera el aumento dentro de la OPEP, con una suba de 1,5 millones de barriles diarios, mientras que Estados Unidos aporta casi un millón adicional.
Este exceso de oferta actúa como un freno natural a los precios. A diferencia de otros momentos de tensión geopolítica, el mercado cuenta hoy con capacidad para responder con mayor producción, lo que limita la posibilidad de escaladas sostenidas.
En ese esquema, Estados Unidos continúa jugando un rol clave como estabilizador. Su producción total creció 3% interanual, con un aporte relevante del shale, aunque con una señal a monitorear: la cantidad de plataformas activas cayó 15% . Esto sugiere que el crecimiento futuro podría moderarse, pero en el corto plazo el volumen disponible sigue siendo elevado.
La lógica es clara: cada suba de precios encuentra rápidamente una respuesta del lado de la oferta.
Las expectativas de mercado refuerzan esta idea. Según el mismo informe, la proyección de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) ubica el Brent en torno a los U$S 79 por barril para 2026, mientras que los contratos futuros lo estiman en U$S 87. Son valores superiores a los de 2025, pero muy lejos de escenarios de crisis energética.
En este contexto global, Argentina aparece como uno de los países con mayor crecimiento relativo en producción. El informe señala que el país sumó alrededor de 0,2 millones de barriles diarios en el último año, ubicándose entre los mayores incrementos a nivel mundial.
Este dato no es menor. Refleja el avance de Vaca Muerta y la consolidación del shale como motor energético. La mayor producción permite incrementar exportaciones, generar divisas y mejorar el perfil energético del país. Pero el impacto debe leerse con cautela.
El principal límite es el nivel de precios internacionales. Con un barril que se proyecta entre 79 y 87 dólares, el escenario es favorable, pero no extraordinario. No hay condiciones para un salto abrupto de ingresos como en otros ciclos alcistas.
Además, Argentina sigue enfrentando una restricción estructural: su dependencia de importaciones energéticas en determinados períodos del año, especialmente durante el invierno. En ese punto, el informe introduce un dato clave que relativiza el optimismo petrolero: la dinámica del gas natural.
Los precios internacionales del gas muestran aumentos significativos en los mercados de referencia. Los futuros del TTF europeo suben 34% interanual y los del JKM asiático, 33%. Esta tendencia implica mayores costos para los países importadores de GNL, entre ellos Argentina. El problema no es el petróleo, sino el gas.
Durante los meses de mayor demanda, el país debe recurrir a importaciones para abastecer el sistema energético. En ese contexto, un aumento en los precios internacionales impacta directamente sobre la balanza comercial energética, las reservas y, eventualmente, las tarifas.
La combinación de ambos factores define el verdadero escenario argentino. Por un lado, una industria petrolera en expansión, con capacidad de generar más producción y exportaciones. Por otro, una vulnerabilidad persistente en el frente del gas, que puede neutralizar parte de esos beneficios.
El resultado es un equilibrio inestable, señala la consultora. La suba reciente del petróleo mejora las perspectivas del sector, pero no modifica las condiciones de fondo del mercado global. La sobreoferta, la capacidad de respuesta de Estados Unidos y las proyecciones moderadas de precios configuran un escenario sin euforia. Para Argentina, la oportunidad existe, pero es acotada.
El desafío pasa por capitalizar el crecimiento de Vaca Muerta, avanzar en infraestructura y reducir la dependencia estacional de importaciones. Sin esos cambios, cualquier mejora en el precio del petróleo tendrá un impacto limitado en la macroeconomía.
En definitiva, la verdad detrás del petróleo es menos épica de lo que sugieren los titulares de la guerra. El mercado global muestra abundancia, precios contenidos y expectativas moderadas. Argentina gana terreno como productor, pero todavía no logra transformar esa ventaja en un cambio estructural de su economía energética.
El informe “Mercado internacional de petróleo – 19 de marzo de 2026”, elaborado por Economía & Energía, aporta una clave central: el aumento reciente del Brent convive con un contexto de precios todavía débiles en términos interanuales. En febrero de 2026, el crudo subió 6,4% respecto de enero, pero se mantiene 6% por debajo del Read More


