A finales de los años cincuenta (1956-1959), ante la situación de urgencia social por la falta de vivienda y la necesidad de erradicar el chabolismo en la periferia de Madrid, la Administración, con Laguna, comisario de Ordenación Urbana de Madrid a la cabeza, apuesta por los jóvenes arquitectos con espíritu innovador para proyectar y construir los poblados dirigidos de Madrid, enmarcados en el Plan Nacional de Vivienda. En contraposición a la arquitectura estatal para vivienda social, que se está llevando a cabo hasta la fecha, se eligen arquitectos jóvenes que, junto con otros más experimentados, hagan suyos los ideales de la arquitectura moderna y los adapten en mayor o menor medida de forma personalizada a los condicionantes específicos que se viven en nuestro país en aquel momento: autarquía, carestía de medios, falta de recursos, y en el caso concreto de la “prestación personal” de los poblados dirigidos, una falta de cualificación de la mano de obra que trabaja los días de fiesta y los domingos en la construcción de sus propias viviendas. Estas circunstancias concretas conllevan una fructífera investigación en materia de vivienda y una apertura a la arquitectura de fuera de nuestras fronteras muy diferente a la que habían visto estos arquitectos en su época de estudiantes en la Escuela. Los arquitectos se fijan en la arquitectura de vanguardia, conocen la arquitectura de los maestros modernos gracias a las revistas que abren su mirada al debate arquitectónico a nivel internacional, los viajes al extranjero y la investigación sobre nuevos materiales y formas constructivas, y todo ello se ve reflejado en los poblados dirigidos de renta limitada de Madrid. Oíza, uno de los arquitectos destacados del poblado dirigido de Entrevías, viaja a Estados Unidos y tiene muy presente la arquitectura europea de los años 20 de Gropius y Oud; puso todo este conocimiento y bagaje personal al servicio de la problemática concreta de la arquitectura de mínimos de las viviendas sociales y estructura urbana de Entrevías. Romany, arquitecto del poblado dirigido de Fuencarral, viajó a Escandinavia y fue ganador del primer premio del Concurso para viviendas experimentales de 1956. Cubillo plasma su admiración por Jacobsen y el Neoplasticismo holandés en las viviendas unifamiliares del poblado dirigido de Canillas. Leoz y Ruiz Hervás innovaron con nuevas formas de habitar en el desaparecido poblado dirigido de Orcasitas. Íñiguez de Onzoño y Vázquez de Castro, que también estuvo becado en Roma, son autores del Pabellón Español en la Feria de Bruselas y del poblado dirigido de Caño Roto, que obtuvo reconocimiento internacional por su calidad urbanística. De los arquitectos del poblado dirigido de Almendrales, el último de los poblados dirigidos, Molezún, Carvajal y García de Paredes habían estado pensionados en Roma en la Academia de Bellas Artes. El arquitecto de los poblados jugaba un papel protagonista indiscutible, era un personaje polifacético con una función integral, que abordaba todas las escalas del proyecto desde la planificación a nivel urbano hasta el detalle constructivo. Era también gestor, interlocutor entre los adjudicatarios y la Administración y entendía la arquitectura como un servicio a la sociedad, implicándose en las viviendas de renta reducida “con la misma devoción e interés que si hubiese sido el Palacio de Comunicaciones” (Oíza, 1989: 179)
A finales de los años cincuenta (1956-1959), ante la situación de urgencia social por la falta de vivienda y la necesidad de erradicar el chabolismo en la periferia de Madrid, la Administración, con Laguna, comisario de Ordenación Urbana de Madrid a la cabeza, apuesta por los jóvenes arquitectos con espíritu innovador para proyectar y construir los poblados dirigidos de Madrid, enmarcados en el Plan Nacional de Vivienda. En contraposición a la arquitectura estatal para vivienda social, que se está llevando a cabo hasta la fecha, se eligen arquitectos jóvenes que, junto con otros más experimentados, hagan suyos los ideales de la arquitectura moderna y los adapten en mayor o menor medida de forma personalizada a los condicionantes específicos que se viven en nuestro país en aquel momento: autarquía, carestía de medios, falta de recursos, y en el caso concreto de la “prestación personal” de los poblados dirigidos, una falta de cualificación de la mano de obra que trabaja los días de fiesta y los domingos en la construcción de sus propias viviendas. Estas circunstancias concretas conllevan una fructífera investigación en materia de vivienda y una apertura a la arquitectura de fuera de nuestras fronteras muy diferente a la que habían visto estos arquitectos en su época de estudiantes en la Escuela. Los arquitectos se fijan en la arquitectura de vanguardia, conocen la arquitectura de los maestros modernos gracias a las revistas que abren su mirada al debate arquitectónico a nivel internacional, los viajes al extranjero y la investigación sobre nuevos materiales y formas constructivas, y todo ello se ve reflejado en los poblados dirigidos de renta limitada de Madrid. Oíza, uno de los arquitectos destacados del poblado dirigido de Entrevías, viaja a Estados Unidos y tiene muy presente la arquitectura europea de los años 20 de Gropius y Oud; puso todo este conocimiento y bagaje personal al servicio de la problemática concreta de la arquitectura de mínimos de las viviendas sociales y estructura urbana de Entrevías. Romany, arquitecto del poblado dirigido de Fuencarral, viajó a Escandinavia y fue ganador del primer premio del Concurso para viviendas experimentales de 1956. Cubillo plasma su admiración por Jacobsen y el Neoplasticismo holandés en las viviendas unifamiliares del poblado dirigido de Canillas. Leoz y Ruiz Hervás innovaron con nuevas formas de habitar en el desaparecido poblado dirigido de Orcasitas. Íñiguez de Onzoño y Vázquez de Castro, que también estuvo becado en Roma, son autores del Pabellón Español en la Feria de Bruselas y del poblado dirigido de Caño Roto, que obtuvo reconocimiento internacional por su calidad urbanística. De los arquitectos del poblado dirigido de Almendrales, el último de los poblados dirigidos, Molezún, Carvajal y García de Paredes habían estado pensionados en Roma en la Academia de Bellas Artes. El arquitecto de los poblados jugaba un papel protagonista indiscutible, era un personaje polifacético con una función integral, que abordaba todas las escalas del proyecto desde la planificación a nivel urbano hasta el detalle constructivo. Era también gestor, interlocutor entre los adjudicatarios y la Administración y entendía la arquitectura como un servicio a la sociedad, implicándose en las viviendas de renta reducida “con la misma devoción e interés que si hubiese sido el Palacio de Comunicaciones” (Oíza, 1989: 179) Read More


