Filtros de aire HEPA vs EPA en la industria alimentaria, ¿cuál garantiza el cumplimiento de la normativa?

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En la industria alimentaria, la calidad del aire es un factor clave para evitar contaminación cruzada, condensaciones y acumulación de partículas en zonas sensibles. El Reglamento (CE) 852/2004 exige que los locales permitan el mantenimiento y la limpieza adecuados, minimicen la contaminación transmitida por el aire y dispongan de ventilación suficiente, evitando que el aire mecánico pase de zonas contaminadas a zonas limpias.

Qué son los filtros EPA y HEPA

Para cumplir con los estándares internacionales debemos entender que no todos los filtros de alta eficiencia ofrecen el mismo nivel de protección. Los filtros EPA y HEPA pertenecen a la familia de filtros de alta eficacia clasificados por la norma EN 1822 y su equivalente internacional ISO 29463, que evalúan el rendimiento frente al MPPS, es decir, el tamaño de partícula más penetrante.

Dentro de esa clasificación, los EPA abarcan clases como E10, E11 y E12 y ofrecen una eficiencia que oscila entre el 85% y el 99,5%. Son excelentes para entornos donde la carga de partículas es moderada, pero en zonas de envasado aséptico o áreas de manipulación directa de alimentos, a menudo se quedan cortos frente a las exigencias de los protocolos APPCC (Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico).

Mientras que los HEPA corresponden a H13 y H14 y garantizan una eficiencia mínima del 99,95% y 99,995% respectivamente. Dicho de otro modo, un HEPA retiene más partículas que un EPA, pero eso no significa automáticamente que sea el filtro “obligatorio” en toda instalación alimentaria.

Cuando hablamos de garantizar el cumplimiento normativo en salas blancas o líneas de producción de alto riesgo, los HEPA son la referencia. Su capacidad para retener microorganismos o partículas ultrafinas es lo que le otorga ese plus de protección para la filtración de ciertos procesos de la industia alimentaria. 

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¿Qué exige la normativa?

La normativa alimentaria europea no dice de forma general “instale HEPA” o “instale EPA”, sino que obliga a controlar el riesgo higiénico del proceso. El Reglamento (CE) 852/2004 establece que la ventilación debe ser suficiente, que el flujo de aire mecánico no debe ir de una zona contaminada a una limpia y que los sistemas deben permitir acceso fácil a filtros y componentes para limpieza o sustitución.

Además, cada entidad de la industria alimentaria es responsable de implantar controles basados en HACCP, de modo que la selección del filtro debe responder al análisis de peligros del proceso y no a una regla única para todo el sector.

Por eso, el cumplimiento no depende solo del tipo de filtro, sino de la integración del sistema en el plan de higiene y autocontrol.

HEPA o EPA en alimentación

En la práctica, un filtro EPA puede ser suficiente en áreas donde se busca reducir carga de partículas sin necesidad de un nivel extremo de limpieza del aire, siempre que el análisis de riesgos lo respalde y el diseño de ventilación sea correcto.

Un filtro HEPA suele reservarse para zonas de mayor exigencia higiénica, como áreas de llenado aséptico, envasado crítico o espacios con riesgo elevado de contaminación por partículas, siempre dentro de una estrategia global de control.

ISO 14644 no clasifica “alimentos” como tal, pero sí define la limpieza del aire en salas limpias y entornos controlados, algo útil cuando una planta alimentaria trabaja con zonas de alto control ambiental. En otras palabras, HEPA aporta más margen técnico, pero no sustituye una ventilación bien diseñada ni una validación documental del sistema.

Criterios para elegir el filtro de aire adecuado

La decisión correcta debe basarse en cinco puntos: tipo de producto, sensibilidad microbiológica, zona del proceso, diferencial de presión y estrategia de mantenimiento. Si la planta maneja productos listos para consumo, ingredientes secos sensibles o zonas donde cualquier partícula supone un riesgo relevante, HEPA puede ser más adecuado. Si el riesgo es menor y el objetivo es control general de partículas, EPA puede ofrecer una solución más eficiente en coste y caída de presión.

También conviene recordar que la normativa exige que los filtros sean accesibles para limpieza o sustitución, lo que impacta directamente en el mantenimiento preventivo. En instalaciones reales, la mejor elección no suele ser “uno u otro” en todo el edificio, sino una arquitectura por zonas con prefiltración, filtración intermedia y filtración final según el riesgo.

Antes de decidir entre EPA y HEPA en la industria alimentaria, conviene comparar ambos filtros desde una perspectiva práctica. La tabla siguiente resume sus diferencias más relevantes en cuanto a clasificación, eficiencia, uso habitual, caída de presión y encaje normativo, tomando como referencia la clasificación oficial de EN 1822 e ISO 29463, junto con los criterios higiénicos y de ventilación exigidos por la normativa alimentaria. 

Criterio EPA HEPA
Clase habitual EN 1822 E10-E12 H13-H14
Eficiencia Alta Muy alta
Uso típico Control general de partículas Zonas críticas de alta exigencia
Caída de presión Menor en general Mayor en general
Enfoque normativo Depende del análisis de riesgos Depende del análisis de riesgos

Recomendaciones de mantenimiento de los filtros 

Para mantenimiento industrial, el filtro correcto es solo una parte del sistema. Deben revisarse periódicamente la estanqueidad, la pérdida de carga, el estado de juntas, la integridad del marco y la dirección del flujo de aire, porque un filtro de alta eficiencia mal montado pierde gran parte de su valor.

También es importante registrar cambios de filtro y mediciones para demostrar control en auditorías internas o externas. Si el sistema trabaja en una sala o zona controlada, la validación periódica de la instalación debe formar parte del plan de verificación higiénica.

El error más común es pensar que “poner un HEPA” equivale a cumplir la normativa. La realidad es que el reglamento exige controlar el riesgo de contaminación aérea, asegurar ventilación adecuada y evitar que el aire se mueva desde zonas sucias hacia limpias.

Otro fallo habitual es instalar un filtro de alta eficacia sin revisar caudales, equilibrado del sistema o accesibilidad para mantenimiento, lo que termina generando caída de rendimiento y costes innecesarios. En auditoría, lo que cuenta no es la etiqueta del filtro, sino el resultado del sistema completo y su documentación.

En alimentación, la selección entre EPA y HEPA debe responder al riesgo real del proceso, no a una idea genérica de mayor calidad. La normativa europea exige control de contaminación del aire, ventilación higiénica y mantenimiento verificable, por lo que la solución correcta es la que encaja con el análisis HACCP y con la arquitectura de la instalación.

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FAQ sobre filtros HEPA y EPA

No por sí solo. El cumplimiento depende del análisis de riesgos, la ventilación, el diseño higiénico y el mantenimiento del sistema, según el Reglamento (CE) 852/2004 y el enfoque HACCP.

¿Un filtro EPA puede sustituir a un HEPA?

Puede ser suficiente en zonas con menor exigencia higiénica, siempre que el análisis de riesgos del proceso lo justifique y la ventilación esté correctamente diseñada.

Suele ser más adecuado en áreas críticas, donde se necesita un control mucho más estricto de partículas y contaminación aérea.

Son clases HEPA según EN 1822:

  • H13: ≥99,95%
  • H14: ≥99,995%

La clasificación y ensayo de los filtros EPA, HEPA y ULPA se asocia a EN 1822 e ISO 29463.

No de forma general. ISO 14644 es una referencia para salas limpias y entornos controlados, útil cuando el proceso alimentario requiere clasificación de limpieza del aire.

Que exista ventilación suficiente, que se evite el flujo de aire mecánico desde áreas contaminadas a limpias y que los filtros sean accesibles para limpieza o sustitución.

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​Looos filtrs HEPA y EPA no garantizan por sí solos el cumplimiento. La clave está en el riesgo, la ventilación higiénica, el diseño del sistema y la validación técnica.
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