Entre torpezas oficiales y paros sin memoria

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La pelea del Gobierno contra la oposición y la CGT no es un enfrentamiento cinematográfico entre la Liga de la Justicia y sus villanos. No hay héroes puros ni antagonistas absolutos. Hay responsabilidades compartidas en una escena política que volvió a tensarse con un paro que luce desproporcionado, pero que también encuentra raíces en errores propios del oficialismo.

El Gobierno cometió torpezas evidentes en el armado de la ley de modernización laboral. El triunfo inicial en el Senado, celebrado como una señal de fortaleza, quedó opacado por la polémica alrededor del artículo 44, que reducía salarios en casos de licencias por enfermedad o accidentes no laborales. La frase de Federico Sturzenegger –“Si te lastimaste jugando al fútbol, tu jefe no tiene nada que ver”– no fue un desliz aislado: reflejó una mirada que alguien decidió plasmar en el texto.

El resultado fue previsible. Diputados del PRO anticiparon que no acompañarían ese punto y gobernadores aliados marcaron distancia. La orden de no modificar nada se diluyó frente a la presión política y al temor de un costo económico mayor. Hubo descoordinación, reproches internos y una dependencia explícita del respaldo del PRO que expuso fragilidades en la conducción política. Harían bien Javier y Karina Milei en tomar nota antes de descalificar a aliados, como suelen hacerlo.

Del otro lado, el kirchnerismo actúa como si no tuviera pasado. Cuestiona la marcha de la inflación cuando su gestión concluyó con un 211% anual en 2023, un golpe devastador para trabajadores y sectores vulnerables. No hubo para la clase trabajadora peor flagelo que ese. Tampoco ofrece explicaciones sobre la persistente informalidad laboral tras casi dos décadas de influencia decisiva en el poder. La memoria selectiva no construye autoridad política y menos aún moral.

La CGT tampoco está exenta de contradicciones. Acompañó procesos económicos que derivaron en un país cerrado, con baja competitividad y reglas que hoy son difíciles de remover y derivan en estancamiento y crisis, como la de Fate. Convocar a un paro general frente a un proyecto que ya sufrió decenas de cambios –en un contexto institucional validado por el voto democrático– parece más una reacción política partidaria que una defensa proporcional de derechos.

Entre errores oficiales notables y una oposición sin autocrítica ni memoria, los argentinos vuelven a quedar en el medio. El paro fue una medida excesiva, pero la responsabilidad de haber encendido esa mecha no es ajena al Gobierno.

La pelea del Gobierno contra la oposición y la CGT no es un enfrentamiento cinematográfico entre la Liga de la Justicia y sus villanos. No hay héroes puros ni antagonistas absolutos. Hay responsabilidades compartidas en una escena política que volvió a tensarse con un paro que luce desproporcionado, pero que también encuentra raíces en errores Read More