“Efecto Ormuz”: qué me conviene como importador

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Como derivación del conflictivo escenario bélico en Medio Oriente, Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka, analiza que el comercio internacional está atravesando una “transformación estructural”. Según el especialista en logística, en el actual panorama global y local, la rentabilidad ya no reside únicamente en la capacidad operativa de “traer mercadería”, sino en una evaluación precisa de los costos y una adaptación ágil a los cambios normativos y geopolíticos.


Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka.

Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka.


A nivel doméstico, la presión inflacionaria importada se hace sentir con fuerza. El aumento del petróleo internacional impulsó el precio de los combustibles en los surtidores locales. A pesar de las medidas de contención implementadas por el Gobierno nacional, la nafta y el gasoil acumulan un aumento promedio del 25% en las últimas semanas. Por primera vez, el litro de combustible súper superó la barrera de los $ 2.000 en gran parte del país.

Este incremento del gasoil, insumo crítico para la actividad agropecuaria, ya está alterando la ecuación económica de la cosecha gruesa en marcha. Según estimaciones del sector, el combustible representa alrededor del 15% del costo de cosecha y un tercio del costo del transporte automotor de cargas. Con las subas recientes, el encarecimiento del gasoil implica un aumento estimado del 3,3% en los costos de cosecha y eleva entre un 6% y un 7% los fletes agrícolas.

La distancia a las terminales portuarias se consolida como un factor crítico. Para un productor ubicado a 300 kilómetros del puerto, la incidencia del flete en el valor final de la tonelada de soja subió del 11% al 12%, mientras que en el maíz trepó del 20% al 21%, enumera Salomón.

Adicionalmente, el campo enfrenta otro frente de tormenta: los fertilizantes. La urea, un derivado del gas fundamental para la producción de trigo, experimentó un aumento superior al 42% en el mercado local. Argentina importa entre un 30% y un 40% de este insumo clave desde la región del Golfo Pérsico, y se estima que cerca del 35% del volumen importado transita precisamente por el conflictivo Estrecho de Ormuz. Esta suba de costos amenaza con incrementar entre un 9,5% y un 11% el costo de producción de la próxima campaña triguera.

Por otra parte, el deterioro del balance energético nacional representa un riesgo macroeconómico latente. Si bien Argentina avanza hacia el autoabastecimiento, aún requiere importar energía en picos de demanda estacional. Con los precios internacionales en alza, estas importaciones exigen una mayor salida de divisas, sumando presión sobre el mercado cambiario local.

Recomendaciones estratégicas para importadores

Frente a este escenario de alta volatilidad y aumento de fletes, desde Jidoka subrayan que el negocio de importación ha dejado de ser una apuesta a ciegas para convertirse en un proceso de planificación técnica y plantean recomendaciones específicas para las empresas importadoras argentinas que buscan mantener su rentabilidad:

1. Evitar la saturación del mercado. Uno de los errores más comunes es dejarse seducir por productos de moda con alto volumen de ventas. La estrategia actual requiere apuntar a nichos específicos y resolver problemas concretos de demanda, en lugar de copiar modelos de negocio ya saturados.

2. Explorar nuevos orígenes. Ante la disrupción de rutas tradicionales y el encarecimiento de los fletes desde ciertos polos, Salomón recomienda mirar más allá de China. Países como India, Vietnam y Tailandia emergen como alternativas competitivas para diversificar el riesgo logístico.

3. Aprovechar la previsibilidad normativa. Es fundamental utilizar herramientas legales y aduaneras, como el dictamen anticipado, para diseñar planes de negocios basados en datos reales y costos transparentes, para evitar sorpresas en la rentabilidad final.

4. Capitalizar el arbitraje geopolítico. Las tensiones globales generan cambios en los flujos comerciales. Los importadores más ágiles pueden aprovechar estos movimientos para encontrar ventajas competitivas temporales frente a empresas más estáticas.

Paradójicamente, la crisis global también configura un escenario de oportunidades estratégicas para Argentina. La inestabilidad en Medio Oriente ha acelerado la necesidad global de diversificar las fuentes de suministro energético, otorgándole un valor geopolítico incalculable a Vaca Muerta. Las obras de infraestructura en curso, como las proyectadas en las costas patagónicas del golfo San Matías para la exportación de gas y crudo, cobran una relevancia fundamental. 

Asimismo, la energía cara a nivel global históricamente empuja al alza los precios de las commodities agrícolas. Si bien los costos internos de producción y logística han aumentado, la eventual mejora en los precios internacionales de exportación de granos y derivados podría compensar parcialmente el impacto negativo en la rentabilidad del sector agroexportador.

Finalmente, la disrupción de las cadenas de suministro marítimas potencia la tendencia global del nearshoring (relocalización de cadenas productivas). Las empresas multinacionales, buscando mitigar los riesgos de depender de proveedores lejanos y rutas vulnerables, miran cada vez más hacia América Latina. Este fenómeno abre una ventana de oportunidad concreta para que las pymes argentinas se integren como proveedoras regionales más seguras y cercanas a los grandes centros de consumo del continente.

Como derivación del conflictivo escenario bélico en Medio Oriente, Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka, analiza que el comercio internacional está atravesando una “transformación estructural”. Según el especialista en logística, en el actual panorama global y local, la rentabilidad ya no reside únicamente en la capacidad operativa de “traer mercadería”, sino en una evaluación precisa Read More