El entendimiento comercial Milei-Trump expone tensiones dentro del bloque y abre una discusión sobre reglas, ritmos y estrategias. El 9% de los autos que se venden en Brasil ya son de origen chino, una luz de alerta.
El anuncio del marco bilateral de comercio e inversiones entre Argentina y Estados Unidos encendió alarmas sobre la vigencia del Mercosur y su capacidad para adaptarse a un escenario internacional marcado por competencia estratégica, acuerdos selectivos y reposicionamientos geopolíticos.
Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral, señaló en el último informe del IERAL para las Pymes que la Argentina ingresa a un sistema global donde predominan acuerdos bilaterales y cadenas más fragmentadas.
Gustavo Fadda, especialista en comercio internacional, advierte que el nuevo entendimiento “tensiona los principios fundacionales del Mercosur”, aunque no implica una ruptura inmediata. Ambos coinciden en que el movimiento obliga a revisar prácticas instaladas y reglas que el bloque no ha logrado actualizar.
La iniciativa con Estados Unidos se inscribe en una estrategia más amplia de Washington, que impulsa acuerdos marco con distintos países para reducir aranceles, ampliar cupos y asegurar cadenas logísticas.
Fadda – Vasconcelos
Este mecanismo ya fue utilizado con Japón, Corea y la Unión Europea. Para la Argentina representa un giro respecto a su tradición comercial: crece la apertura en sectores específicos y se habilita una agenda bilateral que contrasta con la dinámica más lenta del Mercosur.
En paralelo, se reaviva una pregunta central. El Tratado de Asunción establece que los socios deben negociar acuerdos con terceros en forma conjunta. Sin embargo, la práctica mostró fisuras.
Uruguay exploró tratados unilaterales. Brasil defendió la negociación colectiva. Paraguay alternó posiciones. Y ahora Argentina avanza con un convenio que reactiva la tensión entre flexibilidad y cohesión. Fadda sostiene que el bloque se enfrenta a un dilema que no puede postergar.
La discusión se vuelve más relevante si se incorpora la dimensión comercial. La Argentina mantiene déficits significativos con China y Brasil, pero su balanza con Estados Unidos es más equilibrada.
Entre enero y octubre, las importaciones argentinas desde Brasil fueron de 16,1 mil millones de dólares (19,3 mil millones anualizados), desde China alcanzaron 15,0 mil millones (18,0 mil millones anualizados) y desde Estados Unidos sumaron 5,8 mil millones (7,0 mil millones anualizados. Esta estructura ofrece una base distinta para la negociación bilateral.
La asimetría también aparece en la magnitud. Lo que la Argentina importa de Brasil es 2,8 veces mayor a lo que compra a Estados Unidos y lo que proviene de China es 2,6 veces más. Vasconcelos plantea que este diferencial puede generar resultados rápidos: el ingreso de productos norteamericanos podría desplazar a proveedores brasileños y chinos.
En sentido inverso, la ampliación de cupos o el levantamiento de barreras permitiría que exportaciones argentinas consoliden espacio en un mercado donde ya compiten carnes por 195 millones de dólares al año, combustibles por 2 mil millones, metales preciosos por 800 millones, aluminio por 530 millones, vinos por 190 millones y miel por 125 millones.
Impacto escalofriante
El análisis se amplía al impacto de China sobre el Mercosur. En pocos años, el gigante asiático perforó barreras arancelarias y avanzó de manera directa en segmentos estratégicos. En el sector automotor, la dinámica se volvió visible.
Las importaciones de vehículos de Brasil se duplicaron en tres años. Las provenientes de la Argentina cayeron de 1,8 a 1,6 mil millones de dólares entre 2022 y 2025. Las de origen chino treparon de 200 millones a 2,8 mil millones en el mismo período.
La instalación de GWM en San Pablo, BYD en Camacari y la futura radicación de Chery en Goias profundizó el fenómeno. En 2025, las matriculaciones totales en Brasil crecieron 2,8 % respecto del año anterior, pero las unidades vinculadas a estas nuevas compañías subieron 42,4 %. Ya representan 9,0 % del mercado. Vasconcelos destaca que esta transformación se irradia al resto del Mercosur y que la velocidad del cambio obliga a los países a revisar su inserción.
El comportamiento global refuerza la tendencia. Hace cuatro años, China y Estados Unidos exportaban alrededor de 2,0 millones de vehículos cada uno. En la actualidad, por cada automóvil exportado desde Estados Unidos se envían 4,5 desde China. El contraste señala el reposicionamiento relativo de las economías en disputa.
La agenda del Mercosur aparece condicionada por este entorno. El bloque combina elementos de unión aduanera sin libertad negociadora plena y barreras internas que encarecen la logística. La falta de avances generó un sistema rígido frente a un mundo donde los acuerdos se multiplican.
Fadda retoma esta idea cuando se pregunta si el Mercosur debe seguir esperando consensos totales o permitir que uno o más de sus miembros lideren la agenda externa. A su juicio, “el Mercosur no se rompe. Se tensiona. Se redefine. O se vuelve irrelevante”.
La articulación entre el entendimiento con Estados Unidos y la discusión interna del bloque instala otro nivel de análisis. La Unión Europea aceleró su predisposición para cerrar un acuerdo con el Mercosur. Las conclusiones del Informe Draghi, la guerra en Ucrania y la competencia china empujaron esa decisión. Un tratado efectivo obligaría a derribar barreras domésticas y fortalecer cadenas de valor regionales. Vasconcelos considera que avanzar en esa línea requeriría una organización interna más similar a la europea.
El debate se completa con un interrogante central. El acuerdo con Estados Unidos produce una tensión visible dentro del Mercosur y abre un proceso de revisión. La evolución dependerá de cómo respondan los socios y de la velocidad con que adapten sus marcos internos a un escenario donde el comercio, la inversión y la geopolítica se entrelazan con creciente intensidad.
El entendimiento comercial Milei-Trump expone tensiones dentro del bloque y abre una discusión sobre reglas, ritmos y estrategias. El 9% de los autos que se venden en Brasil ya son de origen chino, una luz de alerta. El anuncio del marco bilateral de comercio e inversiones entre Argentina y Estados Unidos encendió alarmas sobre la Read More



