Argentina resiste mejor la crisis petrolera global

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El salto internacional del petróleo tras el conflicto en Medio Oriente volvió a poner bajo presión a la economía mundial, pero un informe de PwC sostiene que Argentina enfrenta este shock externo desde una posición más sólida que en episodios anteriores, gracias al crecimiento de las exportaciones energéticas, una mayor acumulación de reservas y un esquema macroeconómico más ordenado.

El paper “Economic GPS” analiza el impacto que generó el bloqueo del estrecho de Ormuz y la fuerte suba del precio internacional del crudo, uno de los mayores incrementos mensuales desde 1990. Según el documento, el Brent promedió U$S 103,7 por barril en marzo, con un aumento real de 44,3% respecto de febrero.

La suba del petróleo reactivó un mecanismo clásico de transmisión hacia la economía global: mayor inflación, tasas de interés más elevadas, fortalecimiento del dólar y suba del riesgo emergente.

En Estados Unidos, la inflación mensual pasó de 0,3% en febrero a 0,9% en marzo, impulsada principalmente por la energía. Al mismo tiempo, el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano a diez años trepó desde 3,97% hasta 4,44%, reflejando un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales.

Exportaciones y energía

El trabajo sostiene que, a diferencia de crisis energéticas anteriores, Argentina ahora absorbe parte del impacto externo de manera favorable porque dejó de ser un importador neto de energía.

“El shock se traduce en mayor liquidación de exportaciones y más disponibilidad de dólares”, señala el reporte.

PwC estima que las exportaciones totales argentinas alcanzarán en 2026 unos U$S 96.100 millones, cerca de 10% más que en 2025 y el mayor valor histórico de la serie.

El complejo agrícola aportaría exportaciones por aproximadamente U$S 34.700 millones, impulsado por mejores precios internacionales del maíz y de los derivados de soja.

En paralelo, las ventas externas de petróleo superarían los U$S 11.000 millones, con un crecimiento estimado de 64%, producto tanto del aumento de cantidades exportadas como de mejores precios internacionales.

El informe agrega que, si el Brent promediara U$S 100 por barril durante el año, las exportaciones argentinas podrían sumar otros U$S 1.300 millones adicionales.

Ese cambio marca una diferencia estructural respecto de otros episodios de tensión internacional, cuando el alza del crudo implicaba más importaciones energéticas, presión sobre reservas, déficit fiscal y emisión monetaria.

Inflación y riesgos internos

Sin embargo, el documento advierte que el impacto positivo sobre el frente externo no elimina los riesgos inflacionarios.
El Índice de Precios al Consumidor registró en marzo un incremento de 3,4% mensual, impulsado parcialmente por el traslado de la suba de combustibles.

PwC remarca que el principal desafío será evitar los llamados “efectos de segunda ronda”, es decir, que el aumento inicial de la energía termine trasladándose al resto de los precios de la economía.

“El cambio en los precios relativos debería corregir en sentido inverso el impacto sobre el IPC”, sostiene el reporte, aunque aclara que esto dependerá de que no exista una expansión monetaria que convalide el shock inflacionario.

El estudio destaca además que el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable durante el conflicto y que el peso incluso mostró una apreciación nominal cercana al 2% en el primer mes posterior al inicio de la crisis internacional.

Según PwC, esa estabilidad cambiaria ayudó a contener parcialmente el traslado a precios de bienes transables.

No obstante, el informe advierte que los mayores costos logísticos y de transporte podrían impactar con rezago sobre precios finales en los próximos meses.

Reservas y financiamiento

Otro de los focos de análisis es el frente financiero.

El riesgo país argentino subió hasta 630 puntos básicos tras haber perforado brevemente los 500 puntos a comienzos del año.

El reporte sostiene que ese movimiento encarece el financiamiento soberano y corporativo y limita el acceso a los mercados internacionales de crédito.

Aun así, PwC considera que el Banco Central logró sostener una posición relativamente sólida. Hasta abril, la autoridad monetaria acumulaba compras de divisas por U$S 6.765 millones en el año. Descontando ventas al Tesoro para pagos de deuda externa, la acumulación neta alcanzaba U$S 3.107 millones.

El documento señala además que el Tesoro comenzó a colocar deuda en dólares en el mercado local para cubrir vencimientos de 2026 y que organismos internacionales podrían aportar nuevas líneas de financiamiento.

Sin embargo, PwC advierte que la acumulación de reservas tiene como contrapartida una mayor deuda en pesos y que el esquema “no está exento de riesgos” ante una eventual caída en la demanda de dinero.

En sus conclusiones, el informe sostiene que Argentina enfrenta este shock externo “con mayor fortaleza relativa respecto del pasado”, aunque advierte que todavía persisten desafíos vinculados a inflación, financiamiento y estabilidad monetaria.

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