A priori los procesos de investigación son antes de nada de indagación; de recopilación, de búsqueda de toma de datos y análisis. En este caso la propuesta, era como renovar el comportamiento térmico del edificio y la obsolescencia energética y medioambiental de una pequeña torre de oficinas al borde de la M.-30. Lo primero fue definir el método de trabajo y la generación de hipótesis para la transformación integral del edificio, sus consumos energéticos y su comportamiento ante el medio, donde se ubica: borde de la M-30 y orientación oeste. Todo lo que caracteriza esta investigación práctica en torno a la eficiencia energética de los edificios construidos en el siglo pasado y su transformación integral para conseguir un menor consumo energético, tiene sentido si se pone en práctica y se controlan los datos reales y las tesis inicialmente previstas. En concreto a sus nuevas fachadas envolventes térmicas se pretenden dar una solución contemporánea, eficaz, eficiente y coherente a dichos requerimientos. Para ello se diseñan dos pieles que envuelven al edificio: la primera piel, con sistema SATE y revoco fabricado con nanotecnología y fotocatálisis de Baumit, garantizan la exigencia acústica, energética y de confort térmico deseados, que constituyen la “fachada interior” rematada con un espectacular pixelado de decenas de colores que se desarrolla progresivamente, y cambiando a lo alto y ancho del edificio, en función de los estudios de visibilidad realizados desde el entorno. Toda la segunda piel, protectora, sutil, metálica y perforada se cuelga de una nueva estructura construida en la cubierta, transmitiendo las cargas verticales a los pilares existentes y se estabiliza horizontalmente frente al viento en todas las plantas mediante una estructura triangulada. Esta segunda piel separada de la primera por una cámara de aire, se hace sólida por la noche al iluminarse. La iluminación exterior se presenta, como el elemento integrador entre ambas pieles, dotando a la Torre 30 de una apariencia insólita. Mientras que la iluminación diurna muestra al edificio como un sólido neutro, opaco y contundente, la iluminación nocturna de la fachada interior, fruto del riguroso estudio de intensidad y de opacidades, permite el fundido visual de la fachada exterior. Así, al igual que la piel interior, presenta un degradado de color, donde la fachada exterior, desaparece paulatinamente, fundiéndose con los colores interiores, hasta dejar a la vista la primera piel, de noche, construyéndose un hito urbano en la M-30.
A priori los procesos de investigación son antes de nada de indagación; de recopilación, de búsqueda de toma de datos y análisis. En este caso la propuesta, era como renovar el comportamiento térmico del edificio y la obsolescencia energética y medioambiental de una pequeña torre de oficinas al borde de la M.-30. Lo primero fue definir el método de trabajo y la generación de hipótesis para la transformación integral del edificio, sus consumos energéticos y su comportamiento ante el medio, donde se ubica: borde de la M-30 y orientación oeste. Todo lo que caracteriza esta investigación práctica en torno a la eficiencia energética de los edificios construidos en el siglo pasado y su transformación integral para conseguir un menor consumo energético, tiene sentido si se pone en práctica y se controlan los datos reales y las tesis inicialmente previstas. En concreto a sus nuevas fachadas envolventes térmicas se pretenden dar una solución contemporánea, eficaz, eficiente y coherente a dichos requerimientos. Para ello se diseñan dos pieles que envuelven al edificio: la primera piel, con sistema SATE y revoco fabricado con nanotecnología y fotocatálisis de Baumit, garantizan la exigencia acústica, energética y de confort térmico deseados, que constituyen la “fachada interior” rematada con un espectacular pixelado de decenas de colores que se desarrolla progresivamente, y cambiando a lo alto y ancho del edificio, en función de los estudios de visibilidad realizados desde el entorno. Toda la segunda piel, protectora, sutil, metálica y perforada se cuelga de una nueva estructura construida en la cubierta, transmitiendo las cargas verticales a los pilares existentes y se estabiliza horizontalmente frente al viento en todas las plantas mediante una estructura triangulada. Esta segunda piel separada de la primera por una cámara de aire, se hace sólida por la noche al iluminarse. La iluminación exterior se presenta, como el elemento integrador entre ambas pieles, dotando a la Torre 30 de una apariencia insólita. Mientras que la iluminación diurna muestra al edificio como un sólido neutro, opaco y contundente, la iluminación nocturna de la fachada interior, fruto del riguroso estudio de intensidad y de opacidades, permite el fundido visual de la fachada exterior. Así, al igual que la piel interior, presenta un degradado de color, donde la fachada exterior, desaparece paulatinamente, fundiéndose con los colores interiores, hasta dejar a la vista la primera piel, de noche, construyéndose un hito urbano en la M-30. Read More


